conversaciones sobre si la agricultura orgánica puede alimentar al mundo


Lo que es seguro es que, a largo plazo, solo la agricultura que reciba fertilizantes orgánicos y no de síntesis y a la que no se agreda con pesticidas, herbicidas, nematocidas o similares, será la única viable y sostenible a largo plazo. No tengo cifras de a cuánta humanidad puede o podría alimentar este tipo de actividad agraria, sobre todo a la vista de como hemos dejado ya los suelos, la capa fértil, las captaciones de los acuíferos, la ocupación de suelo por ciudades, industrias y vertederos, la contaminación de las necesarias aguas y demás. Pero eso tiene relativa importancia porque en unas tres generaciones mas, practicamente todos los 7.300 millones actuales habremos cascado. También hay que considerar que modificar ahora todas las inmensas superficies de dedicadas a monocultivos en forma de agroindustria, o granjas industriales con animales estabulados y alimentados de forma industrial, serían muy difíciles de erradicar en una generacion e implicarían unos cambios sociales brutales con abandono de muchas macrociudades y vuelta al campo, donde podrían multiplicar los destrozos ambientales, si llegan al campo forzados por la necesidad y sin haberse despojado de la mentalidad consumista, de confort material, de actividad constante y desprecio por el ocio y la contemplación y de gratificación inmediata.

Por último, me temo que el veganismo es una corriente modernista que da por supuesto que uno puede tener kinoa en Valladolid, leche de almendras en Finlandia todo el año y las variedades vegetales que guste en cualquier momento y en las dosis adecuadas. Algo poco probable en un mundo de agricultura local en muchas regiones y latitudes y sobre todo, si hay que volver a un esfuerzo físico mayor en una agricultura de baja intensidad. Veo mucho mas adaptada una dieta que utilice lo que siempre utilizaron los agricultores preindustriales: una dieta fundamentalmente vegetariana por necesidad, que se complementa con un poco de la que será, también por necesidad, una escasa dieta complementaria, calórica y protéica de origen animal y derivados, si ello significa un ahorro en el esfuerzo humano par conseguir el equivalente de origen vegetal y que incluirían algunos lácteos y derivados, especialmente para niños y grasas como tocino para los adultos que realicen más esfuerzo fīsico. La frase "cuando seas padre comerás huevo", que muchos jóvenes urbanos de la sociedad de la abundancia desconocen, es un indicativo claro de lo difícil y costoso que resultaba conseguir un huevo. 

Pedro Prieto


En mi opinión la respuesta a la primera pregunta (asumiendo que "ecológica" puede interpretarse como una agricultura adaptada al medio y más o menos a los medios humanos y materiales disponibles), es sí. Y sí, porque podemos jugar con un amplio abanico de patrones de consumo. Ser un animal omnívoro facilita mucho la capacidad de adaptación.

Respecto a lo del veganismo, y entendiéndolo como un movimiento ético que implica la no utilización de animales... pues no. Nos los comamos regularmente o no, o incluso, no comiéndonoslos, vamos a tener que utilizar animales sí o sí para poder mantener los ciclos ecológicos (especialmente, el del fósforo) a ritmos adecuados para poder tener cosechas. Es más, tendríamos que empezar ya a usar cabañas ganaderas de diente variado para sustituir a las reses silvestres que hemos extinguido local o globalmente, si queremos que muchos ecosistemas vegetales no colapsen. Y dado que también hemos extinguido (local o globalmente incluso) a muchos de sus predadores, para que la cosa no sea un desastre, tendremos que ejercer nosotros mismos de predadores.

Ya tenemos un problema con el fósforo en muchos suelos agrícolas debido a la tendencia creciente al estabulado frente al pastoreo extensivo, y también, a la caída de diversidad de la comunidad herbívora (tanto doméstica como salvaje) y la pérdida de su equilibrio (es cierto que localmente hay "explosiones demográficas" de ciervos, o corzos, o jabalíes, o incluso conejos, pero la correcta movilización de nutrientes se realiza cuando hay los que tiene que haber de cada especie). Sin el mantenimiento de al menos un 50% del territorio (en realidad, de cada ecosistema) va a ser muy difícil no sufrir pérdidas de biodiversidad que sean inasumibles por ecosistemas vegetales. Y vamos a necesitar más que nunca formaciones vegetales lo más sanas posible para poder "moderar" aunque sea localmente, tanto los ciclos hidrológicos como los factores climáticos.

Añadir como apunte que eso de que las dietas antiguas eran prácticamente vegetarianas... pues hay que matizarlo muchísimo. Incluso sin salir de Españistán, hay recetarios tradicionales que incorporan alimentos de origen animal con alta frecuencia en tiempos relativamente recientes. Si nos movemos además por el tiempo, hay épocas en que esos alimentos de origen animal eran casi diarios (como el pescado, el marisco o los moluscos en casi todas las zonas costeras). Y es que en el fondo, lo que pesa es la "TRE del alimento"...

Añado que he obviado varios componentes del tema, especialmente el energético, porque ya se ha tratado varias veces aquí. Pero sintetizando... "reasalvajar" ecosistemas para garantizar la conservación de un mínimo de biodiversidad, va a costar invertir energía; devolver fertilidad a los suelos, también; reconstruir agrosistemas poco o nada dependientes de combustibles fósiles e insumos dependientes de ellos, también; etcétera...
Y seguramente, no lo vamos a hacer exclusivamente a costa de nuestros lomos... Se seguirán usando animales también como "energía". Y si la población subsahariana sigue creciendo (y la blanca europea-norteamericana menguando)... igual volvemos a ver barcos negreros... lamentablemente.

David Torralba




¿puede la agricultura orgánica alimentar a la humanidad?


In 1971, then US Secretary of Agriculture Earl Butz uttered these unsympathetic words: “Before we go back to organic agriculture in this country, somebody must decide which 50 million Americans we are going to let starve or go hungry.” Since then, critics have continued to argue that organic agriculture is inefficient, requiring more land than conventional agriculture to yield the same amount of food. Proponents have countered that increasing research could reduce the yield gap, and organic agriculture generates environmental, health and socioeconomic benefits that can’t be found with conventional farming.

That’s the conclusion my doctoral student Jonathan Wachter and I reached in reviewing 40 years of science and hundreds of scientific studies comparing the long term prospects of organic and conventional farming. The study, Organic Agriculture in the 21st Century, published in Nature Plants, is the first to compare organic and conventional agriculture across the four main metrics of sustainability identified by the US National Academy of Sciences: be productive, economically profitable, environmentally sound and socially just. Like a chair, for a farm to be sustainable, it needs to be stable, with all four legs being managed so they are in balance.Organic agriculture occupies only 1% of global agricultural land, making it a relatively untapped resource for one of the greatest challenges facing humanity: producing enough food for a population that could reach 10 billion by 2050, without the extensive deforestation and harm to the wider environment.

We found that although organic farming systems produce yields that average 10-20% less than conventional agriculture, they are more profitable and environmentally friendly. Historically, conventional agriculture has focused on increasing yields at the expense of the other three sustainability metrics.

The flower petals and the labels represent different sustainability metrics that compare organic farming with conventional farming. They illustrate that organic systems can better balance the four areas of sustainability: production (orange), environment (blue), economics (red) and social wellbeing (green). Illustration: John Reganold and Jonathan Wachter

In addition, organic farming delivers equally or more nutritious foods that contain less or no pesticide residues, and provide greater social benefits than their conventional counterparts.

With organic agriculture, environmental costs tend to be lower and the benefits greater. Biodiversity loss, environmental degradation and severe impacts on ecosystem services – which refer to nature’s support of wildlife habitat, crop pollination, soil health and other benefits – have not only accompanied conventional farming systems, but have often extended well beyond the boundaries of their fields, such as fertilizer runoff into rivers.

Despite lower yields, organic agriculture is more profitable (by 22–35%) for farmers because consumers are willing to pay more. These higher prices essentially compensate farmers for preserving the quality of their land.Overall, organic farms tend to have better soil quality and reduce soil erosion compared to their conventional counterparts. Organic agriculture generally creates less soil and water pollution and lower greenhouse gas emissions, and is more energy efficient. Organic agriculture is also associated with greater biodiversity of plants, animals, insects and microbes as well as genetic diversity.

Studies that evaluate social equity and quality of life for farm communities are few. Still, organic farming has been shown to create more jobs and reduce farm workers’ exposure to pesticides and other chemicals.

Organic farming can help to both feed the world and preserve wildland. In a study published this year, researchers modeled 500 food production scenarios to see if we can feed an estimated world population of 9.6 billion people in 2050 without expanding the area of farmland we already use. They found that enough food could be produced with lower-yielding organic farming, if people become vegetarians or eat a more plant-based diet with lower meat consumption. The existing farmland can feed that many people if they are all vegan, a 94% success rate if they are vegetarian, 39% with a completely organic diet, and 15% with the Western-style diet based on meat.

Realistically, we can’t expect everyone to forgo meat. Organic isn’t the only sustainable option to conventional farming either. Other viable types of farming exist, such as integrated farming where you blend organic with conventional practices or grass-fed livestock systems.

More than 40 years after Earl Butz’s comment, we are in a new era of agriculture.During this period, the number of organic farms, the extent of organically farmed land, the amount of research funding devoted to organic farming and the market size for organic foods have steadily increased. Sales of organic foods and beveragesare rapidly growing in the world, increasing almost fivefold between 1999 and 2013 to $72bn. This 2013 figure is projected to double by 2018. Closer to home, organic food and beverage sales in 2015 represented almost 5% of US food and beverage sales, up from 0.8% in 1997.

In a time of increasing population growth, climate change and environmental degradation, we need agricultural systems that come with a more balanced portfolio of sustainability benefits. Organic farming is one of the healthiest and strongest sectors in agriculture today and will continue to grow and play a larger part in feeding the world. It produces adequate yields and better unites human health, environment and socioeconomic objectives than conventional farming.Scaling up organic agriculture with appropriate public policies and private investment is an important step for global food and ecosystem security. The challenge facing policymakers is to develop government policies that support conventional farmers converting to organic systems. For the private business sector, investing in organics offers a lot of entrepreneurial opportunities and is an area of budding growth that will likely continue for years to come.

John Reganold is a Regents Professor of Soil Science & Agroecology at the Washington State University.





Nuevas estrategias alimentarias para un nuevo municipalismo. El pacto de Milán


El enfoque de gobernanza desde las ciudades, desde el municipalismo, se constituye en la estrategia más descentralizada y efectiva (ya sabemos el impacto de muchas de las políticas de Estado y su vulnerabilidad ante la presión de los grandes intereses económicos), e incluye medidas en general sencillas y sectoriales como los huertos urbanos, comunitarios y escolares, apoyo a producto biorregional en mercados y mercadillos, suministro a comedores, compra pública, compostaje, etc. Por ello muchos creemos que el enfoque del Pacto de Milán tendrá mayor impacto que cualquiera de las medidas emprendidas por los Estados o por las Naciones Unidas en materia alimentaria. Solo las guerrillas locales podrán vencer a los grandes ejércitos de los grandes intereses económicos planetarios.

Los antecedentes de este “paradigma de Milán” son largos. El concepto de sistema alimentario fue empleado por primera vez por L. Malassis en 1979, para abarcar la diversidad y las interacciones que caracterizan los complejos agroindustriales. La teoría de sistemas permitió un cambio de enfoque significativo que se desarrolló de modo rápido con una óptica industrial. J.L. Rastoin definió en 1980 el sistema alimentario como “una red interdependiente de actores (empresas, instituciones financieras, organismos públicos y privados) que participan directa o indirectamente en la creación de flujos de bienes y servicios orientados hacia la satisfacción de las necesidades alimentarías de un grupo de consumidores en un determinado espacio geográfico”.

Lo cierto es que el despliegue de los sistema alimentaria industriales modernos a partir de mediados del siglo XX se convirtió en un gran área de negocio y una actividad muy intensiva en recursos financieros y energéticos, y ha dado lugar a diferentes problemas ambientales y sociales, fundamentalmente de concentración de tierras, capital industrial y de distribución, y de deterioro ambiental y de mayor riesgo sobre la salud de los consumidores al aumentar los aditivos alimentarios artificiales o el uso de fitosanitarios que actúan como disrruptores endocrinos y nerviosos.

La lucha desde esta estrategias locales, modestas y efectivas, como todo lo enfocado localmente, aporta algunas de las visiones y escenarios de cambio más efectivos. Estas ciudades decididas a emprender una transición alimentaria constituyen un avance. El lema de convierte tu carro de la compra en tu carro de combate adquiere en el marco del Pacto de Milán la posibilidad de convertirse en una caballería coordinada desde el municipalismo más comprometido y efectivo con la generación de cambios globales. 
Seguridad o soberanía

Este conflicto entre los dos tipos extremos de sistemas y escenarios alimentarios queda perfectamente retratados en las diferencias entre los objetivos de la seguridad alimentaria y de la soberanía alimentaria.

El enfoque de soberanía alimentaria, en el que entendemos que se inserta el paradigma de Milán, surgió del foro de movimientos de vía campesina de Nyeyeli en 2007, y se centra en plantear la relocalización de una parte de la capacidad de producir de alimentos, como sector activo local, y sin depender de suministros o precios ciertamente inciertos. De este modo en la cumbre de 2015 el movimiento campesino cedía una parte del reto de la soberanía alimentaria a las instituciones locales, que con su propio lenguaje político, y sus propias competencias, hacen de los municipios un escenario táctico de conquista institucional lenta y firme. El enfoque de la seguridad alimentaria plantea producir la mayor cantidad posible de alimentos al menor precio posible, de este modo se espera garantizar que las poblaciones con menores rentas accedan a los alimentos básicos mediante compra, subsidio o en casos extremos, y mediados por la FAO, mediante donaciones. Para esta manera de ver el mundo el trigo a 20 USD tonelada es la clave de la capacidad de alimentar el planeta en 2050. Este escenario depende de un continuo proceso de aumento de la intensidad energética, en forma de insumos agrarios, transporte, y con notables efectos colaterales en los ecosistemas y las poblaciones campesinas que quedan desplazadas por las economías de escala. 

El objetivo de estos sistemas alimentarios locales es la relocalización de los ciclos de la materia de la energía, detrayendo fuerza a los sistemas alimentarios globalizados gestionadas por las grandes corporaciones. Las herramientas no pueden ser solo de mera clusterizacion o agrupación de actores (desde productores, comedores, consumidores, industrias, mercados, colectividades, etc.) se requieren políticas económicas, apoyos públicos, desde incentivos para el acortamiento de cadenas comerciales y apoyo a las pequeñas producciones. 

Subsistemas alimentarios, umbrales de eficiencia

A pesar de la creciente globalización alimentaria y la integración económica de un gran sistema alimentario planetario controlado por las grandes empresas del sector, es necesario distinguir diferentes subsistemas alimentarios. Si los organizamos, como se hace con los electrodomésticos o las viviendas, en función de su eficiencia energética, ecológica y social, podemos distinguir cinco grandes subsistemas:

  • El subsistema tipo E es el más plenamente globalizado que solo responde a la reducción del precio de los alimentos desde el motor de las grandes economías de escala en la producción y distribución. Su objetivo es el control del sistema planetario, y que la producción la realice el actor o país que sea capaz de hacerlo más barato, en cualquier parte del mundo, sin importar los impactos sociales o ambientales. Esta modalidad ha crecido extraordinariamente en los últimos años desde la crisis, y es el modelo implícito en los grandes acuerdos comerciales internacionales. 
  • En el subsistema tipo D se pueden agrupar las grandes plataformas comerciales, grandes superficies que con sólidos sistemas de interproveedores articulan mercados de producción de materias primas e industrias alimentarias regionales, pero claramente paralelas o económicamente miméticas. Es el caso de las grandes cadenas de distribución que como Carrefour-Día o Mercadona, gigantes de la concentración alimentaria, que todavía tienen a su mayoría de interproveedores en los propios estados. Estos tienen sistemas logísticos más eficientes que el anterior, y se adaptan lentamente a las demandas del consumidor nacional, en general consciente de un concepto amplio de calidad.
  • En el subsistema tipo C incluiríamos a los grandes sistemas con intenciones de “sostenibilidad” por ejemplo los sistemas de producción integrada, que reducen el uso de fitosanitarios en la producción de alimentos, y por lo tanto los riesgos que de estos se derivan para los ecosistemas y los consumidores, otras medidas agroambientales de reducción de fertilizantes u otros de los que auspicia la PAC. En general es un modelo ambiental que sigue tendiendo a la concentración. Dos buenos ejemplos de este tipo podrían ser las grandes superficies cooperativas suizas Migro y Coop, que priman la producción nacional y criterios ambientales y sociales en la compra internacional vía los sellos de garantía de Global GAP y GRASP.
  • El subsistema tipo B se incluye la producción ecológica certificada, un notable y creciente área de negocio, bastante globalizado, pero con clara tendencia a producciones dentro de áreas geográficas más delimitadas. Los consumidores eco saben que la distancia supone un problema ambiental. Estos sistemas ecológicos responden en su mayoría a productores medianos, y se calcula que la producción ecológica genera entorno a un 20% más de trabajo y consumen en general menos capital financiero o energía que los anteriores. Desde el punto de vista ambiental lo más significativo de este tipo es la total sustitución de los fertilizantes de síntesis, grandes generadores de gases de efecto invernadero, por materia orgánica lo que contribuye a la fijación de carbono en el suelo. En este subsistema la comercialización se realiza mayoritariamente a través de plataformas logísticas, paralelas a las producciones convencionales, pero claramente paralelas o económicamente miméticas. 
  • El último de los subsistemas, el subsistema tipo A, se refiere a lo que plantea la agroecología en un sentido más estricto, reconstruir sistemas alimentarios locales, de base ecológica, certificada o no, recuperando el pequeño agricultor, y los mercados de venta directa. En este sentido el Pacto de Milán se constituye en una alternativa enfocada al subsistema A, aquel de base local, que optimiza los mercados de proximidad, y de temporada, los mercados campesinos, la articulación de sistemas de compra pública apoyando a la agricultura local, los sistemas de gestión de residuos enfocados a producir abonos orgánicos. En general estos sistemas locales de máxima eficiencia, reducen mucho la dependencia energética, generan más empleo local, y actúan como sumideros sistémicos de gases de efecto invernadero (en el resto de subsistemas se va incrementando notablemente las emisiones).
Como en la dinámica de los ecosistemas, cada subsistema está en una lucha dinámica con los continuos. En los extremos se encuentran el pollo a dos euros el kilo que será importando desde Estados Unidos si se despliega el TTIP como esperan los negociadores (subsistema E), y el pollo criado agroeclógicamente en Amayuelas a 10 euros el kilo (subsistema A). Las hortalizas sin embargo en A puedes ser un 20% más baratas que en D o E; y hasta un 100% más baratas que en B. Los cereales en A tienden sin embargo a ser, cuando menos un 30-50% más caros que en los producidos bajo el subsistema en D.

El crecimiento de la población es continuo e imparable, especialmente de las conurbaciones metropolitanas. El 2012 se alcanzó la frontera del 50% de la población mundial viviendo en ciudades, y que se espera alcance el 75% en 2050. La humanidad alcanzara una población de unos 9000 millones de habitantes en el año 2050 y será necesario un esfuerzo de intensificación y eficiencia energética para garantizar que sea posible. Los actores del enfoque E hablan de eficiencia productiva intensiva en tecnológicas, los del enfoque A (que incluye el enfoque municipalista de Pacto de Milán) hablan de pequeñas producción agroecológicas y de producción y consumo de proximidad. Es interesante constatar que, con diferentes actores, la FAO está presente en todos estos escenarios. 

La esperanza –tecno-optimismo- de los actores de los subsistemas o enfoques C y D es que la biotecnología o la bioeconomía centrada en la innovación, los proyectos de I+D+I y nuevos mecanismos de producción intensiva de alimento, intensivos en energía, que consideran que se pueden diseñar mecanismos sistémicos de uso de insumos de bajo coste energético y baja contribución al efecto invernadero y cambio climático. 
Las incongruencias de la FAO

Frente a los enfoques centrados en lo tecnológico sin factores de corrección política y social, se construyen las alternativas biorregionales -transicionistas- que se centran en la preeminencia del territorio y de las redes locales o regionales, es en este paradigma en el que se focaliza el Pacto de Milán. La misma FAO que auspicia el pacto de Milán, es la que impulsa la agricultura inteligente y los sistemas de base tecnológica, en un alarde de disparar en todos los frentes ante la gravedad del reto de la alimentación mundial en las próximas décadas. La FAO incluye discursos desde todos los subsistemas desde la E trabajando por intensificar la producción y grandes mercados mundiales, a la A en el dialogo con los movimientos campesinos y en pro de la agroecología

Así pues, atendiendo a la eficiencia en materia de gestión de los recursos naturales y sostenibilidad, tenemos una situación global crítica, y dos grandes promesas o utopías de sostenibilidad y dos referentes. Por un lado lo que se conoce como enfoque agricultura inteligente -Climate Smart Agriculture- que sería asimilable al enfoque de los subsistemas D y C. Por otro lado la que representa la agroecología o subsistema A centrado la reconstrucción de subsistemas alimentarios locales, en la venta de proximidad y en la recirculación de la materia orgánica como fertilizante y fijador de carbono en suelo. En este sentido un informe de la FAO de 2010, el llamado informe Schutter, confirma que un horizonte de 9000 millones de habitantes en 2050 podría alimentarse con este enfoque o subsistema alimentario que sin duda es el que más está creciendo, aunque para las estadísticas oficiales no sea fácil de constatar. 

El pacto de Milán, formulado en términos en cierta medida ambiguos, al igual que los propios términos del informe de la FAO, son aproximaciones a este paradigma de la agroecología o subsistema alimentario A: el más eficiente y en el que se maximizan las funciones económica, ecológica y social. 
Monedas complementarias

Algunos creemos que para reducir las evidentes diferencias de precio, y reducir la dependencia del criterio de eficiencia es imprescindible inscribir los objetivos de la soberanía alimentaria en otros de mayor calado económico. Las monedas locales o biorregionales (atendiendo a los territorios naturales y los vínculos ciudad-campo), la soberanía monetaria y la financiera, contribuirá a separar y respaldar monetariamente el subsistema A que será capaz de respaldar la moneda en valores tangibles muy diferentes a los de los mercados financieros o los bancos centrales. Sin otros dineros y mecanismos de intercambio ese otro mundo no será posible.

La ciudad de Bristol, o muchas de las ciudades en transición han empezado a aplicar monedas complementarias para garantizar los objetivos de relocalizar la producción y consumo, y apoyar el comercio local. La aceptación para el pago de tasas e impuestos locales, como los de agua y basuras, será clave para que estas monedas puedan circular con volúmenes suficientes; esto implicará, como se está planteando en Santa Coloma de Gramanet, que los funcionarios acepten una parte del pago de los salarios en esta moneda local o biorregional. Entonces el engranaje de las transiciones alimentarias y energéticas estará realmente interconectado y engrasado. Mientras tanto vamos diseñando y ensayando proyectos parciales de un subsistema alimentario eficiente y local que cuando inevitablemente las condiciones financieras, del mercado de energía o de explotación del trabajo y las condiciones laborales avancen por el camino que muchos creemos que seguirá, servirán como la más sólida de las alternativas viables. Esta parte económica de la agenda -inevitable- es la que ni los términos del Pacto, ni los Ayuntamientos firmantes del mismo no han asumido aún. Bastante tienen con gestionar la legislatura y lidiar con su propia burocracia.



una granja prefabricada (farm from a box)


Farm from a Box provides communities with the tools required to grow their own food and earn an income. Built from a modified shipping container, each unit contains a complete ecosystem of smart farm technologies to enhance agricultural productivity; from renewable power and micro-drip irrigation, to Information and Communications Technology.





como hacer extractos de hierbas medicinales




Los extractos siempre tienen lo mejor de la planta, ya que son un concentrado de todas sus propiedades medicinales. 

Lo primero que debemos hacer es seleccionar la planta que vamos a usar y tener la certeza de que es la que estamos buscando, sin duda alguna; porque debemos evitar efectos secundarios graves y envenenamientos.

Existen muchas plantas medicinales que tienen una planta gemela pero venenosa, muy parecida en aspecto, por lo que debemos conocerlas muy bien y tener mucho cuidado para no ocasionar problemas mayores.

Evitemos recogerla de lugares contaminados y tampoco buscarla en lugares demasiado frecuentados (que al transitar sean pisados por los zapatos del ser humano) ya que ingeriríamos algo nocivo para nuestro cuerpo; y hacerlo a la salida o puesta del sol. Usaremos una pala para sacar la planta de raíz.

Pondremos la planta en un recipiente y la lavaremos muy bien. Cortaremos la planta en trozos y la lavaremos nuevamente.

Para el extracto podemos usar alcohol o aceite, siendo éste último el mejor para tratar problemas externos.

Ponemos la planta en una vasija limpia y con tapa hasta que quede llena, pero sin presionar la planta, y añadiremos alcohol hasta la mitad, vodka es una buena alternativa, o el aceite de oliva 100% puro. Llenamos el resto con agua.

Tapamos, agitamos suavemente y ponemos la fecha.

Dejaremos reposar durante tres semanas, agitando un poco todos los días y cuando esté listo lo filtramos.

¿Cómo lo usamos?

En adultos media a una cucharadita 3 veces al día.

En niños un cuarto o un tercio de cucharadita es más que suficiente.

En niños, embarazadas y demás personas que no puedan consumir alcohol, puede mezclar el extracto de hierbas a un té u otra bebida caliente, que hace que el alcohol se evapore.