[blog sobre el cambio en el paradigma alimentario, innovación y futuro de la comida]
Mostrando entradas con la etiqueta filosofía alimentaria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta filosofía alimentaria. Mostrar todas las entradas
¿El origen del coronavirus? Los cuatro monocultivos del Apocalipsis
La expansión de los monocultivos agrarios y ganaderos provoca la destrucción de la biodiversidad y favorece la expansión de los virus
El origen del coronavirus tiene una estrecha relación con las fórmulas de agricultura y ganadería industrial de la actualidad; concretamente por la expansión de los monocultivos (vegetales y animales) que provocan la destrucción de la biodiversidad en la naturaleza posibilitando la aparición, incremento y virulencia de nuevas zoonosis. Aunque el virus es microscópico, propongo un viaje planetario —sin romper el confinamiento— que nos puede ayudar a reconocer con nuestros propios ojos esta contundente afirmación. Es importante interiorizarlo para evitar un futuro entre pandemias.
Este viaje, al que podemos llamar «la ruta de los monocultivos», nos permite conocer muy bien de qué hablamos cuando hablamos de agricultura industrial. Aunque la tierra agraria en el mundo ocupa 1.500 millones de hectáreas, cuatro ejemplos serán suficientes para retratar el sistema agrario mundial actual, puesto que alrededor de un 80 % de todas estas tierras, según el agrónomo Miguel Altieri de la Universidad de Berkeley, está dedicado a los monocultivos. De hecho, de las más de 2500 variedades de vegetales que el ser humano puede consumir, solo tres cultivos (trigo, arroz y maíz) aportan el 50 % del total de calorías consumidas por toda la población mundial. Nuestro punto de partida es un perfecto y regular mosaico de varios kilómetros cuadrados, cerca de la localidad de Rivadavia, en la provincia de Salta, Argentina; en concreto, este punto preciso.
'A mí, de este paisaje, me impresiona la prepotencia con la que hemos trasladado nuestras cuadriculadas mentes a los espacios de vida, cómo hemos hecho del fabuloso orden anárquico de la naturaleza un inmundo orden geométrico'.
Una vez situados, se trata de seleccionar el modo satélite e ir alejando la imagen, es decir, elevar el satélite que estamos conduciendo para tener una visión más general. A mí, de este paisaje, me impresiona la prepotencia con la que hemos trasladado nuestras cuadriculadas mentes a los espacios de vida, cómo hemos hecho del fabuloso orden anárquico de la naturaleza un inmundo orden geométrico. Los antiguos bosques, con la llegada de este monocultivo, han quedado literalmente reducidos y encajonados (ellos y toda la biodiversidad que alojaban) en el escaso espacio del perímetro que rodea cada predio. ¿Qué cultivo es el responsable de esta invasión? Correcto, este es el monocultivo de soja transgénica.
La expansión del monocultivo de soja en los últimos veinticinco años —con la introducción de las variedades transgénicas— es de dimensiones ciclópeas. Como se observa en la infografía [DESCARGA JPG], incluida en el Atlas del agronegocio transgénico en el Cono Sur, la plantación de soja invade (en color verde) buena parte de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, un territorio conocido como República Tóxica de la Soja, porque de algún modo funciona como un estado propio gobernado dictatorialmente por multinacionales agrarias. Más de 65 millones de hectáreas dedicadas a un único cultivo; más de 65 millones de campos de fútbol uno detrás de otro; una república que ocupa el espacio de veinte Cataluñas juntas. Campos y campos de soja y solo soja que a menudo son fumigados con herbicidas como el cancerígeno glifosato (en su momento patentado por Monsanto y que ahora forma parte de Bayer), que elimina todo ser vivo con el que contacta, a excepción de este cultivo, al cual le han insertado genéticamente el superpoder de la resistencia a este veneno.

Las consecuencias de esta epidemia de soja se denuncian desde hace años. En primer lugar, la sustitución de cultivos tradicionales para la alimentación local por el cultivo de la soja cien por cien para la exportación, con la consecuente pérdida de soberanía alimentaria y la expulsión de millones de campesinas y campesinos hacia las ‘villas miseria’ o ‘favelas’ latinoamericanas. En segundo lugar, la contaminación por herbicidas de tierras y acuíferos junto con un incremento muy alto de enfermedades cancerígenas y/o endocrinas en la población de estos lugares. Finalmente, la grave pérdida de fertilidad de los suelos por el agotamiento de la tierra y la destrucción de la biodiversidad; por ejemplo, el incremento de muertes de abejas y anfibios a causa del exceso de fumigación.
Sin embargo, se sabe menos de otra de las realidades que esconde el sistema agrario de este y cualquier otro monocultivo. Para descubrirla, con esta imagen de cuadrados de soja en la retina, saltamos ahora, a través de este enlace, al centro del continente africano, en la población de Lokutu, situada en la cuenca del río Congo.
Son plantaciones de palmeras africanas para la producción de otra de las estrellas de la agroindustria: el aceite de palma.
Esta vez haremos bajar el satélite despacio, procurando aterrizar en la zona oeste de la población, sobre la sombra verde que nace junto a las últimas casas y que se extiende hacia el infinito. A medida que descendemos nos sorprende de nuevo un ejército repetido, regular y en perfecta formación. Visto desde arriba la forma estrellada de sus copas delata a cada uno de estos soldados. Son plantaciones de palmeras africanas para la producción de otra de las estrellas de la agroindustria, el aceite de palma que encontramos en tantísimos alimentos procesados y en buena parte del ‘gato por liebre’ llamado biodiésel. Estas plantaciones de Lokutu son propiedad de la empresa Feronia, que lleva años siendo denunciada, entre otras cosas, por la ocupación ilegal de territorios campesinos.
¿Qué relación hay entre los monocultivos y los virus?
Con este viaje global tenemos bastante para desvelar muy bien la relación entre los monocultivos y las pandemias. Como se ha venido explicando desde hace varias décadas —pero se ha venido desoyendo por todas las instituciones políticas globales—muchas de las nuevas enfermedades que se transmiten de animales a seres humanos (las llamadas zoonosis) surgen de esta aniquilación de selvas y bosques para implantar monocultivos. Las dimensiones son tan abusivas que la fauna silvestre acaba diezmada y confinada en pequeños reductos o ‘islas’ cuya elevada densidad de población facilita la multiplicación y mutación de su carga vírica y microbiana, posibilitando el contagio posterior a los seres humanos. En algunos casos este contagio se produce por contacto directo, como se demostró en otro punto del continente africano, en el norte de la población de Guéckédou (Guinea), en el caso del ébola cuando un murciélago o sus excrementos entraron en contacto con un habitante de estas aldeas rodeadas de palmas africanas. Otros brotes epidémicos se pueden producir cuando un vector de un virus del murciélago, como el pangolín u otro animal, entra en contacto con la población, probablemente a través del tráfico ilegal, como en el caso del coronavirus actual.
En cuanto a las enfermedades parasitarias, también se ha documentado la relación entre el aumento de su incidencia y la transformación de la naturaleza. En Borneo, por ejemplo, la fragmentación del bosque está causando el incremento de la malaria. Según explica Zambrana-Torrelio, vicepresidente de EcoHealth Alliance, una organización con sede en Nueva York que monitoriza la relación entre la vida silvestre y las enfermedades emergentes, la razón es que en lugares abiertos hay mayores huecos donde se acumula agua, se reproducen mosquitos y aumentan los casos entre la población que trabaja en las plantaciones de palma africana. De nuevo, visitarlo es más didáctico y podemos hacerlo nosotros mismos si situados en este punto hacemos descender la nave.
El monocultivo de animales en granja, un riesgo para la salud
El tercero de los monocultivos es, sin duda, el mayor de los generadores de zoonosis que pueden convertirse en pandemias. Me refiero al monocultivo de animales de granja, del que no hace falta que muestre ninguna imagen interior porque todos sabemos en qué condiciones de clausura y hacinamiento viven hoy unos 70.000 millones de animales, diez veces más que la población humana. De hecho, este es el gran monocultivo en el pequeño territorio de Cataluña donde hay casi 10 millones de cerdos confinados en grandes granjas que generan graves problemas medioambientales. Solo en el Lluçanès, tenemos 40 cerdos por persona, con la construcción de macrogranjas como esta de la empresa Casa Tarradelles.
Aun así, aconsejo un salto en el viaje hasta las zonas rurales del estado de Wisconsin, en los Estados Unidos, para sobrevolar una de las mayores granjas de vacuno del mundo, puesto que nos permite observar otra realidad menos conocida. Cada una de las más de cincuenta líneas que observamos dispone de unas sesenta jaulas donde casi inmóviles se alojan los novillos en sus primeras etapas de engorde. Esta, como el resto de todas las macrogranjas —incluidas las de cerdo en Cataluña— por muchas medidas de seguridad que utilicen, no pueden evitar que, con cierta frecuencia, un virus de cualquiera de estos animales con un sistema inmunitario deficiente por el estrés al cual está sometido infecte a un empleado iniciando la cadena de contagios. Recordemos las muertes y el tremendo susto que generó el salto de un influenzavirus porcino al ser humano en México en la llamada gripe A.
Como se ha podido apreciar, los tres monocultivos comentados (podríamos añadir seguramente el maíz) tienen una relación estrecha entre ellos: la producción de carne insana, barata y de mala calidad bajo modelos industriales. Efectivamente, casi toda la soja, pero también una parte del aceite de palma se dedica a la elaboración de piensos que alimentarán a los animales criados en granjas intensivas como la visitada en el Lluçanès. Hay cálculos más contundentes, pero no nos equivocamos si afirmamos que al menos una tercera parte de la tierra agraria mundial se dedica a estos propósitos y funciona bajo este modelo uniformador, responsable de la gravísima pérdida de biodiversidad que sufre nuestro planeta y que se conoce como la sexta extinción. El pasado diciembre de 2019 el Departamento de Territorio y Sostenibilidad de la Generalitat hicieron públicos datos que indican que en Cataluña un 75 % de las especies y el 60 % de los hábitats están en estado de conservación desfavorable.
Y ahora, para acabar, mejor apagamos las pantallas y visitamos cualquiera de los huertos ecológicos que tengamos más próximos. En este pequeño espacio se observa muy bien, con los cinco sentidos, que la vida en la naturaleza se sustenta en una complejísima maraña de relaciones entre un inmensa cantidad de seres vivos. Es una orquesta sinfónica donde todos los sonidos de cada uno de los instrumentos emitidos en el mismo instante acaban creando una pieza preciosa y armónica. Un equilibrio mágico que ningún monocultivo puede reproducir y que lo convierte en un simple creador y acelerador de plagas.
P.D. ¿No había dicho qué hablaría de cuatro monocultivos? Simplemente lo citaré, aunque es el más grave de todos. Hablamos del monocultivo que Vandana Shiva denominó «el monocultivo de pensamiento», que es aquel que nos hace comulgar con ruedas de molino y creer en el inverosímil dogma capitalista según el cual el crecimiento económico en un planeta finito es la manera de garantizar nuestras vidas.
Artículo originalmente publicado en ElCrític.cat (en català), traducción
en el blog del autor.
¿que plantar en el apocalipsis?
Refugio:
Lo más importante, el refugio, uno que reúna dos simples características: mantenerte caliente y seco, lo demás se puede mirar después, pero uno sobrevive caliente y seco. Un invernadero es lo segundo más importante, para manejar y alargar nuestra temporada de plantación y cosecha y en muchos casos plantar cosas que no se dan en nuestras latitudes.
Comida:
Con ningún signo de que la sociedad civilizada se vuelva a instaurar en un futuro próximo, necesitas un plan de acción que te alimente cuando tus reservas de latas y conservas se acaben, para continuar con tu supervivencia
Patatas:
Alta en carbohidratos. Muchas variedades. Larga vida bien guardada. Aprende a plantarlas
Tomates:
Todo (o casi) el año en un invernadero. Eficiente en espacio (al poder colgarse). Aprende a Cultivarlos.
Legumbres:
Altos en proteínas. Restauran el nitrógeno del suelo. Se pueden secar para que duren años.
Col:
Se pueden plantar en invierno. Nutricionalmente completa. Aprende a plantarlas.
Calazabas:
Se pueden plantar en invierno (según latitud) y aguantan frescas mucho tiempo. Aprender a plantarlas.
Brocolí:
Se puede plantar en invierno. Gran cosecha. Nutricionalmente completo. Eficiente en el espacio. Aprende a plantarlos.
Aguacate:
Alto en grasas de alta calidad. Aprende a germinarlo.
Manzanas:
Gran cosecha. Nutricionalmente completa.
No te olvides de conseguir tarros, jarras y recipientes herméticos para hacer conservas en las épocas de abundancia.
Aparte de todos estos cultivos es importante que ante cualquier apocalipsis o imprevisto, seas capaz de obtener tus propias semillas para poder cultivar durante largas temporadas.
Medicina:
Lo ideal es que se consulte a un profesional de la medicina para tratar cualquier tema relacionado con la salud, pero en este hipotético apocalipsis puede que no sea posible. Aquí os presentamos unas plantas básicas asociadas a propiedades medicinales en el evento de que las farmacias hayan cerrado… para siempre.
Malaria:
Chinchona spp.
La corteza de la chinchona contiene altos niveles de quinina, la medicación usada en el tratamiento y prevención de la malaria. Este sería uno de las plantas clave en una zona donde la malaria siga en activo después de un apocalipsis.
Aspirinas:
Salix spp.
La corteza de los saúces contiene grandes concentraciones de ácido acetil salicílico, el componente principal de las aspirinas, así que mas o menos puede ofrecer el mismo nivel de supresión de dolor, fiebre e inflamaciones.
Antisépticos:
Thymus spp.
El tomillo contiene Thymol, un antiséptico que se usaba en la antigüedad para heridas, vendajes mucho antes que cualquier antibiótico, incluso infecciones de hongos.
Desequilibrios estomacales:
Taraxacum Officinale
El diente de león será una de las plantas estrella en una situación apocaliptica. Contiene muchísimos activos farmacológicamente útiles que ayudan a la regulación de la acidez del cuerpo, limpieza de hígado entre otras muchas cosas. Las hojas son comestibles.
Purificadores del Aire
Nunca sabemos como cambiará la composición del aire en este hipotético escenario apocalíptico. Cualquier tipo de desastre puede dejar residuos químicos en el aire y estas plantas certificadas por estudios de la NASA como purificadoras del aire en estaciones espaciales pueden ayudarte en el proceso.
Spathiphyllum spp.
Benzeno, formaldehído, tricloroetileno, xyleno y amoniaco, entre otros componentes es capaz de filtrar esta fantástica planta. Pero ten cuidado es tóxica para los animales de compañía.
Chrysanthemum spp.
Si no tienes acceso a la anterior, esta te ofrece la misma filtración pero es igual de peligrosa para mascotas.
Liriope spp.
Si prefieres que tus mascotas sigan viviendo por mucho tiempo y no tienes acceso a las otras dos, esta te ayuda igualmente, además con gran variedad dentro de la familia de plantas.
Gerbera spp.
Esta en comunión con la anterior te ayuda a filtrar todos estos gases (que incluso hoy día tenemos en calles, casas y oficinas) y mantiene tus gatos y perros sanos si las comen por alguna razón.
Otros usos
Sobrevives el apocalipsis, el fin del mundo, el racionamiento de comidas, nuevas y raras enfermedades, el aire tóxico… quizás es idea de plantearse el futuro. Estas tres plantas te ayudarán a disfrutar un poco más de esta vida tan jodida que te ha tocado vivir.
Cebolla:
Sumando al sabor y sus cualidades nutricionales, su zumo puede untarse en la piel para prevenir picaduras de insectos (puede que no huelas muy bien, pero quizás no hay nadie más para olerte) Y este truco también sirve para evitar que las plantas tengan ningún tipo de plaga o animal hambriento que te deje sin reservas de la noche a la mañana.
Ortigas:
Las ramas y tallos de la ortiga tienen buenas fibras que se pueden usar para hacer cuerda, o con suficiente para hacer grandes textiles, como sacos o ropa. Las hojas comida, té o un fertilizante fantástico lleno de nitrógeno.
Verbascum spp.
Esta planta tiene unas fibras interiores que pueden ser usadas secas para tener un cobustible rápido para crear fuego con herramientas rudimentarias, de fricción. Las hojas grandes y suaves pueden ser papel de baño.
Etiquetas:
crisis alimentaria,
DIY,
filosofía alimentaria,
productos naturales,
recursos
Modulo Agroecológico Resiliente para Cimatología Adversa (MARCA)
Cada vez está más aceptada entre los expertos, la metáfora de comparar el clima con un borracho: Si a un borracho lo dejas tranquilo, la tendencia natural es a asentarse. Pero si a un borracho la obligas a moverse, la tendencia natural es a tomballejar a. Como hemos forzado un calentamiento global, el tomballeig del termostato planetario está garantizado. Lo demuestra lo que pasó en el último calentamiento global hace 18.000 años: https://www.youtube.com/watch?v=NPG55Ja8BmQ
Los que tenemos la mirada enfocado al medio plazo, padecemos escalofríos al pensar como podremos obtener cosecha, bueno y enfrentados a una crisis climática sin precedentes. https://www.wbur.org/cognoscenti/2019/06/05/climate-change-food-frederick-hewett?-6Wk Las anomalías en las temperaturas causarán olas de frío y de calor que, difícilmente, los cultivos podrán resistir . La poca soberanía alimentaria que nos queda, desaparecerá como lágrimas en la lluvia :-( Ya hoy estamos produciendo sólo el 40% de lo que comemos) https://www.elcritic.cat/investigacio/que-ha-de-fer-catalunya -para-tener-soberanía-alimentaria-10511
Otros habitantes del ecosistema tanto insustituibles como la fauna auxiliar, pueden fácilmente formar parte de la 6ª extinción que ya está en marcha. Los biotopos están mudando a mal, y todo indica que sólo podemos ir a peor. https://www.ccma.cat/324/la-sisena-extincio-despecies-massiva-esta-en-marxa-i-es-una-greu-amenaca/noticia/2799182/ Necesitamos la inventiva y creatividad holística que caracterizan la permacultura, para tratar de diseñar sistemas resilientes que minimicen el batacazo que nos espera. Deberíamos diseñar bioconstrucciones que cobijan un biotopo aprovechando la geotermia.
Propongo para paliar en lo posible estos problemas, un modelo basado en el concepto de walipini (invernadero / umbráculo semi-subterráneo, ver https://elhorticultor.org/construye-un-invernadero-subterraneo-para-cultivar-durante -todo-el-ano / ). Pero mejorando el diseño, añadiendo un elemento que maximice la inercia térmica: Una jardinera radiante con muro de piedra seca. También conseguimos que la base de lo que plantamos esté entre 1 y 3 m por debajo del terreno (según medidas del modelo), pero a 1 metro por encima del suelo del módulo. (Como el aire muy frío baja y el muy caliente sube, estar a media altura es la situación más deseable.) (Ver: http://unhortalbalco.blogspot.com/2019/04/el-walipini-amb-radiador -termolitic.html) Las jardineras cuñas toda la parte baja de los muros, y las que están encaradas al sur, tendrán 4 brazos para facilitar las rotaciones de cultivos. El resto de jardinera sur puede utilizarse para plantas plurianuales sin rotaciones La jardinera norte puede utilizarse para todo lo que quiere sombra (Troncos con xiitaque o setas, caracoles, vermicompost ...) La forma redondeada de las paredes de contención hace que, por el efecto "clave de bóveda", los muros de piedra seca, tengan más resistencia. http://www.catpaisatge.net/dossiers/pedra_secaphp . En caso de ser necesario, hay morteros naturales a base de cal o arcilla https://www.projectegreta.cat/ca/murs/tecniques-constructives/murs-de-pedra-pedra-seca-paredat-carreus/ . Y hay gente con experiencia que supervise el trabajohttps://lafeixapedraseca.com/com-treballem-2/ . Otra opción igualmente válida son los muros de gaviones, más fáciles de hacer, y que se pueden envolver de tela metálica con una luz bastante pequeña para evitar ratones, pero lo suficientemente grande para permitir el paso de lagartijas y zánganos. Ver http://estructurando.net/2019/03/18/muros-de-gaviones/ .
Los walipinis, construidos en paquetes de 3 o 5 (en el medio los modelos más grandes y profundos para conseguir variedad de biotopos), permiten utilizar las diferentes zonas polivalentes de forma intercambiable. Esto facilita diversificar la producción con otros alimentos. La estabilidad térmica favorece todo tipo de cría de animales, tales como: conejos, gallinas, aquaponia, o el semillero, ... pueden aprovechar la buena temperatura de las zonas polivalentes. Al ser intercambiables permiten rotaciones, que dificulten la instalación permanente de plagas en un mismo lugar. El ganado se come la parte vegetal que nosotros rechazamos y genera basuras que abonar los cultivos.
Los diferentes invernaderos actúan como pequeño archipiélago de nichos ecológicos pseudoconnectats por la proximidad (Unos 2 o 3 metros de pasillo externo entre el inicio de la rampa de cada uno de los walipinis). Conseguimos así un efecto "arca de Noé" para todo un ecosistema de invertebrados. Un verdadero macrohotel de insectos, arácnidos y miriápodos diversos. La fauna auxiliar es imprescindible, y necesitamos tener tanto cuidado como del propio cultivo.
Dado que el viento es el factor que más aumenta la evapotranspiración, y que plantar en un "agujero" protege del viento, el ahorro hídrico es evidente. En caso de vientos tormentosos que rompen los tallos expuestas, los cultivos en estos módulos salvan la cosecha que en el exterior se pierde. Si bien es cierto que para tener el módulo en modo invernadero, hay vidrio o plástico transparente (Petróleo), en el modo umbráculo no. La sombra se puede conseguir con una pérgola, trenzando cañas o mimbre, y colocada justo encima, quitar el exceso de radiación del mediodía, pero dejando entrar el sol de mañana y de tarde. Ver http://voltes.coop/projectes/pergola-prat-del-llobregat/ .
El cultivar dentro de los módulos también permite que en invierno se pueda añadir calefacción con estufa de leña. En verano, podemos refrigerar el aire con pulverizadores de microgotas de agua, o paneles de materiales húmedos (Ver https://avicultura.info/enfriamiento-evaporativo-todo-lo-que-deben-saber ) . De esta forma, mientras tengamos con que regar, el microclima necesario para el buen desarrollo vegetal lo podremos contener dentro de unos márgenes aceptables, sin consumo energético. La principal dificultad será enfrentarse a la sequía que el cambio climático nos puede intensificar. Tener acceso a un freático con reservas abundantes sería el ideal, pues el ciclo del agua hace tiempo que la estamos alterando:
Para ir concluyendo, y resumir todo antes expuesto, hay resiliencia y flexibilidad. Un espacio donde los cultivos y los animales lo tengan más fácil para que nos acompañen en la gincana de supervivencia en que se transformará el futuro próximo. (Donde la único seguro será la incertidumbre https://www.academia.edu/RiesgodeseguridadM ). Pero si disponemos de diferentes MARCA s construidos, podemos producir buena parte de los alimentos requeridos en una pequeña comunidad https://ecoagroconstruccion.wordpress.com/2018/08/14/limestone-permaculture-farm-demuestra-que-con-menos-de -Medio-hectarea-de-terreno a-Reducir texto <br>-alimentar-a-50-familias / Y . Si se cumplen las peores previsiones científicas ( https://drive.google.com/file/d/1A4tpc-zO1iwluMp26URhi8zbFY4d5g3h/view ) Será la mejor manera de intentar adaptarse sin morir en el intento.
¿que es un agrihoods?
Ever wish you could live at your CSA? Or move to a neighborhood where everyone is as excited about fresh, healthy food as you are?
All over the United States people are embracing local food production in an exciting new way. Called 'agrihoods,' this new type of neighborhood serves up farm-to-table living in a cooperative environment. Instead of being built around a pool, tennis court or golf course, these housing developments are centered around a farm, often using the sweat-equity of residents to create a sustainable food system for the entire community.
Of course, community gardens, urban agriculture, and cohousing communities are nothing new. But as the rapidly growing crop of agrihoods demonstrates, families are eager to reimagine these collaborative efforts in a new setting--often at the same or lower prices than a traditional suburban neighborhood.
Although the term is freshly minted, agrihoods are already popping up all over the United States. We've rounded up a dozen established or planned communities so you can learn more about how this trend encourages sharing, collaboration, and a healthier, more environmentally-friendly diet.
los plaguicidas se han convertido en uno de los principales ingredientes de la comida europea
Según el reciente informe de residuos de plaguicidas en alimentos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés), el 46,7% de las 84.341 muestras de alimentos examinadas contienen residuos de pesticidas. En concreto, el 2,8% tenían pesticidas por encima de los límites legales y 43,9% tenían residuos de plaguicidas, pero por debajo de estos límites.
% de muestras con residuos múltiples. Informe EFSA 2017.
Este número ha aumentado respecto a años anteriores. Nos guste o no, los plaguicidas se han convertido en uno de los principales ingredientes de la comida europea.
El porcentaje de frutas y verduras con residuos de varios pesticidas ( o residuos múltiples) ha aumentado hasta el 28% del total de las muestras.
De hecho, desde el 2006 el porcentaje de muestras contaminadas por múltiples tóxicos no baja del 26%, algo muy preocupante por la falta de estudios científicos que evalúen el efecto en la salud de varias sustancias combinadas, el llamado efecto cóctel.
Si se examinan los resultados por productos individuales, los porcentajes con residuos pueden ser más elevados, como ocurre con las uvas en las que se detectaron plaguicidas en el 77,3% de las muestras, mientras que el 58,3% contenía residuos múltiples (página 37 del informe de la EFSA).
Los datos de este informe se refieren a las muestras tomadas a lo largo del año 2015 en toda Europa, de productos internos e importados, convencionales y ecológicos.
alimentos "kilómetro cero"
Los alimentos de proximidad no recorren miles de kilómetros hasta llegar al plato porque se obtienen en un radio de menos de 100 kilómetros de donde se producen para reducir la contaminación en el transporte y reforzar la economía local, entre otras ventajas.
Los productos de "kilómetro cero" están cobrando impulso al acortar la distancia entre productores y consumidores, si bien plantean más de un interrogante a medida que crecen las ciudades y su demanda de alimentos.
Frente a las naranjas de Sudáfrica que se venden en Europa o el salmón noruego con el que se hace sushi en todo el mundo, los productos de proximidad solo se mueven a nivel local.
No recorren miles de kilómetros hasta llegar al plato porque, como argumentan sus defensores, es preferible obtenerlos directamente en un radio de menos de 100 kilómetros de donde se producen para reducir la contaminación en el transporte y reforzar la economía local, entre otras ventajas.
Sin embargo, la cadena alimentaria es más compleja de lo que parece. Según Nina Waldhauer, investigadora de la Universidad holandesa de Wageningen, los productores dependen sobre todo de los suministros y la logística.
“La distancia corta no es siempre necesariamente mejor porque si tienes un sistema de producción ineficiente cerca de una ciudad y otro más eficiente pero más lejos, puede ser mejor este último”, señala a Efe.
Porque no solo se trata de viajar menos durante la distribución, sino también de consumir menos energía y recursos en otras etapas del proceso como la cosecha, la recogida, el envasado o el almacenamiento.
Waldhauer también ve con buenos ojos poder tener alimentos frescos y de calidad que aprovechen la temporada central de los países con óptima producción si se dan las condiciones para tener precios estables y oferta durante todo el año.
Sin querer decantarse por una opción o la contraria, pone el ejemplo de los “agroparques” como los que en su país combinan funciones de producción agrícola y procesamiento en una zona pequeña para después llegar a varios millones de consumidores de la región.
El reto actual está en cómo modificar los sistemas comerciales, con estructuras creadas a lo largo de siglos, para alimentar a la creciente población urbana, cuyas dimensiones dan vértigo: en las ciudades vive más de la mitad de los habitantes del planeta, unos 3.900 millones, y se espera que sean el 60 % para 2050.
Como explicó esta semana en Roma la especialista del Instituto Internacional para el Medio Ambiente y Desarrollo, Cecilia Tacoli, se necesita prestar más atención a la seguridad alimentaria en las zonas urbanas de África y Asia, donde se concentrará el aumento de la población en los próximos años.
Además, en esos dos continentes la mayoría de las personas vive en suburbios, sufriendo problemas como el hacinamiento, la inseguridad y la falta de servicios básicos y de saneamiento.
Para garantizar la alimentación en esas circunstancias, Tacoli llamó a crear más vínculos entre el medio urbano y el rural, potenciando las alianzas y mejorando las capacidades técnicas de los agricultores locales, tanto formales como informales, para que puedan vender mejor sus productos.
En la ciudad colombiana de Medellín, la comida sale más cara a la población pobre que a los más ricos porque, mientras estos últimos pueden desplazarse a los supermercados y acceder a ofertas, los otros se tienen que conformar con las tiendas de barrios en las que hay más intermediarios y los precios suben.
El asesor de ese ayuntamiento Fernando Correa precisó que han puesto en marcha un proyecto para construir cuatro centros mayoristas de abastecimiento con vistas a acercar a los más pobres productos locales a precios asequibles.
Y están trabajando con los agricultores locales para que se asocien frente al oligopolio de la distribución y comercialicen sus productos en esos centros para sacar más provecho.
En el caso de Sao Paulo, la estrategia para reducir la pobreza entre sus más de doce millones de habitantes pasa por desarrollar acciones como la compra pública a los agricultores familiares de la zona y otros Estados cercanos de alimentos que después se reparten en las escuelas, según la consejera brasileña Christiane Araújo.
A nivel mundial contribuyen a la alimentación casi mil millones de personas que cultivan en zonas urbanas o de los alrededores, quienes “forman parte de la solución”, aseguró a Efe el especialista de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) Guido Santini.
“Lo importante es crear las condiciones para poder producir localmente y para eso necesitas planificar el uso del suelo, crear marcos regulatorios, facilitar la participación de pequeñas y medianas empresas, y gobernar de forma más inclusiva”, subrayó.
París permite por ley a cualquier persona tener un huerto urbano

París acaba de aprobar una nueva ley que permite a cualquier persona tener un huerto urbano o jardín dentro de los límites de la ciudad en cualquier ubicación. Tras pedir un permiso, los parisinos podrán cultivar sus huertos en las paredes, en los tejados, en los jardines, en cualquier lugar, incluso en las jardineras de los árboles en la calle. Pueden cultivar sus alimentos en sus casas u oficinas. Pueden cultivar sus flores, vegetales o frutas. La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, pretende crear 100 hectáreas de jardines usando los muros, fachadas y azoteas por toda la ciudad para el año 2020, un tercio de ese espacio dedicado a los huertos urbanos.
Los jardineros deben utilizar métodos sostenibles, evitando pesticidas tóxicos y promoviendo la biodiversidad en la ciudad. Necesitaran un permiso del Ayuntamiento y se deberán comprometer a mantener correctamente sus huertos urbanos y asegurar que la vegetación mejora la estética de la ciudad. La ciudad de París emitirá los permisos para tres años, con la opción de renovación.
La ciudad pidió a los residentes ser creativos con el lugar donde van a hacer crecer sus plantas y les aportará un “kit de siembra” con semillas y tierra vegetal. Dicen que han ofrecido a los residentes algunas sugerencias, pero principalmente esperan que la gente utilice su imaginación para descubrir donde pueden colocar sus jardines y hacer más verde la ciudad.
Funcionarios de la ciudad de París esperan que la ley mejorará la calidad de vida de los habitantes de París y aumentará la belleza de la ciudad. También esperan que pueda ayudar a fortalecer las relaciones con sus vecinos y “crear vínculos sociales” en la ciudad.
Y es que París en particular y Francia en general, están legislando a favor del medio ambiente, con medidas a imitar tales como:
conversaciones sobre si la agricultura orgánica puede alimentar al mundo
Lo que es seguro es que, a largo plazo, solo la agricultura que reciba fertilizantes orgánicos y no de síntesis y a la que no se agreda con pesticidas, herbicidas, nematocidas o similares, será la única viable y sostenible a largo plazo. No tengo cifras de a cuánta humanidad puede o podría alimentar este tipo de actividad agraria, sobre todo a la vista de como hemos dejado ya los suelos, la capa fértil, las captaciones de los acuíferos, la ocupación de suelo por ciudades, industrias y vertederos, la contaminación de las necesarias aguas y demás. Pero eso tiene relativa importancia porque en unas tres generaciones mas, practicamente todos los 7.300 millones actuales habremos cascado. También hay que considerar que modificar ahora todas las inmensas superficies de dedicadas a monocultivos en forma de agroindustria, o granjas industriales con animales estabulados y alimentados de forma industrial, serían muy difíciles de erradicar en una generacion e implicarían unos cambios sociales brutales con abandono de muchas macrociudades y vuelta al campo, donde podrían multiplicar los destrozos ambientales, si llegan al campo forzados por la necesidad y sin haberse despojado de la mentalidad consumista, de confort material, de actividad constante y desprecio por el ocio y la contemplación y de gratificación inmediata.
Por último, me temo que el veganismo es una corriente modernista que da por supuesto que uno puede tener kinoa en Valladolid, leche de almendras en Finlandia todo el año y las variedades vegetales que guste en cualquier momento y en las dosis adecuadas. Algo poco probable en un mundo de agricultura local en muchas regiones y latitudes y sobre todo, si hay que volver a un esfuerzo físico mayor en una agricultura de baja intensidad. Veo mucho mas adaptada una dieta que utilice lo que siempre utilizaron los agricultores preindustriales: una dieta fundamentalmente vegetariana por necesidad, que se complementa con un poco de la que será, también por necesidad, una escasa dieta complementaria, calórica y protéica de origen animal y derivados, si ello significa un ahorro en el esfuerzo humano par conseguir el equivalente de origen vegetal y que incluirían algunos lácteos y derivados, especialmente para niños y grasas como tocino para los adultos que realicen más esfuerzo fīsico. La frase "cuando seas padre comerás huevo", que muchos jóvenes urbanos de la sociedad de la abundancia desconocen, es un indicativo claro de lo difícil y costoso que resultaba conseguir un huevo.
Pedro Prieto
En mi opinión la respuesta a la primera pregunta (asumiendo que "ecológica" puede interpretarse como una agricultura adaptada al medio y más o menos a los medios humanos y materiales disponibles), es sí. Y sí, porque podemos jugar con un amplio abanico de patrones de consumo. Ser un animal omnívoro facilita mucho la capacidad de adaptación.
Respecto a lo del veganismo, y entendiéndolo como un movimiento ético que implica la no utilización de animales... pues no. Nos los comamos regularmente o no, o incluso, no comiéndonoslos, vamos a tener que utilizar animales sí o sí para poder mantener los ciclos ecológicos (especialmente, el del fósforo) a ritmos adecuados para poder tener cosechas. Es más, tendríamos que empezar ya a usar cabañas ganaderas de diente variado para sustituir a las reses silvestres que hemos extinguido local o globalmente, si queremos que muchos ecosistemas vegetales no colapsen. Y dado que también hemos extinguido (local o globalmente incluso) a muchos de sus predadores, para que la cosa no sea un desastre, tendremos que ejercer nosotros mismos de predadores.
Ya tenemos un problema con el fósforo en muchos suelos agrícolas debido a la tendencia creciente al estabulado frente al pastoreo extensivo, y también, a la caída de diversidad de la comunidad herbívora (tanto doméstica como salvaje) y la pérdida de su equilibrio (es cierto que localmente hay "explosiones demográficas" de ciervos, o corzos, o jabalíes, o incluso conejos, pero la correcta movilización de nutrientes se realiza cuando hay los que tiene que haber de cada especie). Sin el mantenimiento de al menos un 50% del territorio (en realidad, de cada ecosistema) va a ser muy difícil no sufrir pérdidas de biodiversidad que sean inasumibles por ecosistemas vegetales. Y vamos a necesitar más que nunca formaciones vegetales lo más sanas posible para poder "moderar" aunque sea localmente, tanto los ciclos hidrológicos como los factores climáticos.
Añadir como apunte que eso de que las dietas antiguas eran prácticamente vegetarianas... pues hay que matizarlo muchísimo. Incluso sin salir de Españistán, hay recetarios tradicionales que incorporan alimentos de origen animal con alta frecuencia en tiempos relativamente recientes. Si nos movemos además por el tiempo, hay épocas en que esos alimentos de origen animal eran casi diarios (como el pescado, el marisco o los moluscos en casi todas las zonas costeras). Y es que en el fondo, lo que pesa es la "TRE del alimento"...
Añado que he obviado varios componentes del tema, especialmente el energético, porque ya se ha tratado varias veces aquí. Pero sintetizando... "reasalvajar" ecosistemas para garantizar la conservación de un mínimo de biodiversidad, va a costar invertir energía; devolver fertilidad a los suelos, también; reconstruir agrosistemas poco o nada dependientes de combustibles fósiles e insumos dependientes de ellos, también; etcétera...
Y seguramente, no lo vamos a hacer exclusivamente a costa de nuestros lomos... Se seguirán usando animales también como "energía". Y si la población subsahariana sigue creciendo (y la blanca europea-norteamericana menguando)... igual volvemos a ver barcos negreros... lamentablemente.
David Torralba
¿puede la agricultura orgánica alimentar a la humanidad?
In 1971, then US Secretary of Agriculture Earl Butz uttered these unsympathetic words: “Before we go back to organic agriculture in this country, somebody must decide which 50 million Americans we are going to let starve or go hungry.” Since then, critics have continued to argue that organic agriculture is inefficient, requiring more land than conventional agriculture to yield the same amount of food. Proponents have countered that increasing research could reduce the yield gap, and organic agriculture generates environmental, health and socioeconomic benefits that can’t be found with conventional farming.
That’s the conclusion my doctoral student Jonathan Wachter and I reached in reviewing 40 years of science and hundreds of scientific studies comparing the long term prospects of organic and conventional farming. The study, Organic Agriculture in the 21st Century, published in Nature Plants, is the first to compare organic and conventional agriculture across the four main metrics of sustainability identified by the US National Academy of Sciences: be productive, economically profitable, environmentally sound and socially just. Like a chair, for a farm to be sustainable, it needs to be stable, with all four legs being managed so they are in balance.Organic agriculture occupies only 1% of global agricultural land, making it a relatively untapped resource for one of the greatest challenges facing humanity: producing enough food for a population that could reach 10 billion by 2050, without the extensive deforestation and harm to the wider environment.
We found that although organic farming systems produce yields that average 10-20% less than conventional agriculture, they are more profitable and environmentally friendly. Historically, conventional agriculture has focused on increasing yields at the expense of the other three sustainability metrics.
The flower petals and the labels represent different sustainability metrics that compare organic farming with conventional farming. They illustrate that organic systems can better balance the four areas of sustainability: production (orange), environment (blue), economics (red) and social wellbeing (green). Illustration: John Reganold and Jonathan Wachter
In addition, organic farming delivers equally or more nutritious foods that contain less or no pesticide residues, and provide greater social benefits than their conventional counterparts.
With organic agriculture, environmental costs tend to be lower and the benefits greater. Biodiversity loss, environmental degradation and severe impacts on ecosystem services – which refer to nature’s support of wildlife habitat, crop pollination, soil health and other benefits – have not only accompanied conventional farming systems, but have often extended well beyond the boundaries of their fields, such as fertilizer runoff into rivers.
Despite lower yields, organic agriculture is more profitable (by 22–35%) for farmers because consumers are willing to pay more. These higher prices essentially compensate farmers for preserving the quality of their land.Overall, organic farms tend to have better soil quality and reduce soil erosion compared to their conventional counterparts. Organic agriculture generally creates less soil and water pollution and lower greenhouse gas emissions, and is more energy efficient. Organic agriculture is also associated with greater biodiversity of plants, animals, insects and microbes as well as genetic diversity.
Studies that evaluate social equity and quality of life for farm communities are few. Still, organic farming has been shown to create more jobs and reduce farm workers’ exposure to pesticides and other chemicals.
Organic farming can help to both feed the world and preserve wildland. In a study published this year, researchers modeled 500 food production scenarios to see if we can feed an estimated world population of 9.6 billion people in 2050 without expanding the area of farmland we already use. They found that enough food could be produced with lower-yielding organic farming, if people become vegetarians or eat a more plant-based diet with lower meat consumption. The existing farmland can feed that many people if they are all vegan, a 94% success rate if they are vegetarian, 39% with a completely organic diet, and 15% with the Western-style diet based on meat.
Realistically, we can’t expect everyone to forgo meat. Organic isn’t the only sustainable option to conventional farming either. Other viable types of farming exist, such as integrated farming where you blend organic with conventional practices or grass-fed livestock systems.
More than 40 years after Earl Butz’s comment, we are in a new era of agriculture.During this period, the number of organic farms, the extent of organically farmed land, the amount of research funding devoted to organic farming and the market size for organic foods have steadily increased. Sales of organic foods and beveragesare rapidly growing in the world, increasing almost fivefold between 1999 and 2013 to $72bn. This 2013 figure is projected to double by 2018. Closer to home, organic food and beverage sales in 2015 represented almost 5% of US food and beverage sales, up from 0.8% in 1997.
In a time of increasing population growth, climate change and environmental degradation, we need agricultural systems that come with a more balanced portfolio of sustainability benefits. Organic farming is one of the healthiest and strongest sectors in agriculture today and will continue to grow and play a larger part in feeding the world. It produces adequate yields and better unites human health, environment and socioeconomic objectives than conventional farming.Scaling up organic agriculture with appropriate public policies and private investment is an important step for global food and ecosystem security. The challenge facing policymakers is to develop government policies that support conventional farmers converting to organic systems. For the private business sector, investing in organics offers a lot of entrepreneurial opportunities and is an area of budding growth that will likely continue for years to come.
John Reganold is a Regents Professor of Soil Science & Agroecology at the Washington State University.
Nuevas estrategias alimentarias para un nuevo municipalismo. El pacto de Milán
El enfoque de gobernanza desde las ciudades, desde el municipalismo, se constituye en la estrategia más descentralizada y efectiva (ya sabemos el impacto de muchas de las políticas de Estado y su vulnerabilidad ante la presión de los grandes intereses económicos), e incluye medidas en general sencillas y sectoriales como los huertos urbanos, comunitarios y escolares, apoyo a producto biorregional en mercados y mercadillos, suministro a comedores, compra pública, compostaje, etc. Por ello muchos creemos que el enfoque del Pacto de Milán tendrá mayor impacto que cualquiera de las medidas emprendidas por los Estados o por las Naciones Unidas en materia alimentaria. Solo las guerrillas locales podrán vencer a los grandes ejércitos de los grandes intereses económicos planetarios.
Los antecedentes de este “paradigma de Milán” son largos. El concepto de sistema alimentario fue empleado por primera vez por L. Malassis en 1979, para abarcar la diversidad y las interacciones que caracterizan los complejos agroindustriales. La teoría de sistemas permitió un cambio de enfoque significativo que se desarrolló de modo rápido con una óptica industrial. J.L. Rastoin definió en 1980 el sistema alimentario como “una red interdependiente de actores (empresas, instituciones financieras, organismos públicos y privados) que participan directa o indirectamente en la creación de flujos de bienes y servicios orientados hacia la satisfacción de las necesidades alimentarías de un grupo de consumidores en un determinado espacio geográfico”.
Lo cierto es que el despliegue de los sistema alimentaria industriales modernos a partir de mediados del siglo XX se convirtió en un gran área de negocio y una actividad muy intensiva en recursos financieros y energéticos, y ha dado lugar a diferentes problemas ambientales y sociales, fundamentalmente de concentración de tierras, capital industrial y de distribución, y de deterioro ambiental y de mayor riesgo sobre la salud de los consumidores al aumentar los aditivos alimentarios artificiales o el uso de fitosanitarios que actúan como disrruptores endocrinos y nerviosos.
La lucha desde esta estrategias locales, modestas y efectivas, como todo lo enfocado localmente, aporta algunas de las visiones y escenarios de cambio más efectivos. Estas ciudades decididas a emprender una transición alimentaria constituyen un avance. El lema de convierte tu carro de la compra en tu carro de combate adquiere en el marco del Pacto de Milán la posibilidad de convertirse en una caballería coordinada desde el municipalismo más comprometido y efectivo con la generación de cambios globales.
Seguridad o soberanía
Este conflicto entre los dos tipos extremos de sistemas y escenarios alimentarios queda perfectamente retratados en las diferencias entre los objetivos de la seguridad alimentaria y de la soberanía alimentaria.
El enfoque de soberanía alimentaria, en el que entendemos que se inserta el paradigma de Milán, surgió del foro de movimientos de vía campesina de Nyeyeli en 2007, y se centra en plantear la relocalización de una parte de la capacidad de producir de alimentos, como sector activo local, y sin depender de suministros o precios ciertamente inciertos. De este modo en la cumbre de 2015 el movimiento campesino cedía una parte del reto de la soberanía alimentaria a las instituciones locales, que con su propio lenguaje político, y sus propias competencias, hacen de los municipios un escenario táctico de conquista institucional lenta y firme. El enfoque de la seguridad alimentaria plantea producir la mayor cantidad posible de alimentos al menor precio posible, de este modo se espera garantizar que las poblaciones con menores rentas accedan a los alimentos básicos mediante compra, subsidio o en casos extremos, y mediados por la FAO, mediante donaciones. Para esta manera de ver el mundo el trigo a 20 USD tonelada es la clave de la capacidad de alimentar el planeta en 2050. Este escenario depende de un continuo proceso de aumento de la intensidad energética, en forma de insumos agrarios, transporte, y con notables efectos colaterales en los ecosistemas y las poblaciones campesinas que quedan desplazadas por las economías de escala.
El objetivo de estos sistemas alimentarios locales es la relocalización de los ciclos de la materia de la energía, detrayendo fuerza a los sistemas alimentarios globalizados gestionadas por las grandes corporaciones. Las herramientas no pueden ser solo de mera clusterizacion o agrupación de actores (desde productores, comedores, consumidores, industrias, mercados, colectividades, etc.) se requieren políticas económicas, apoyos públicos, desde incentivos para el acortamiento de cadenas comerciales y apoyo a las pequeñas producciones.
Subsistemas alimentarios, umbrales de eficiencia
A pesar de la creciente globalización alimentaria y la integración económica de un gran sistema alimentario planetario controlado por las grandes empresas del sector, es necesario distinguir diferentes subsistemas alimentarios. Si los organizamos, como se hace con los electrodomésticos o las viviendas, en función de su eficiencia energética, ecológica y social, podemos distinguir cinco grandes subsistemas:
- El subsistema tipo E es el más plenamente globalizado que solo responde a la reducción del precio de los alimentos desde el motor de las grandes economías de escala en la producción y distribución. Su objetivo es el control del sistema planetario, y que la producción la realice el actor o país que sea capaz de hacerlo más barato, en cualquier parte del mundo, sin importar los impactos sociales o ambientales. Esta modalidad ha crecido extraordinariamente en los últimos años desde la crisis, y es el modelo implícito en los grandes acuerdos comerciales internacionales.
- En el subsistema tipo D se pueden agrupar las grandes plataformas comerciales, grandes superficies que con sólidos sistemas de interproveedores articulan mercados de producción de materias primas e industrias alimentarias regionales, pero claramente paralelas o económicamente miméticas. Es el caso de las grandes cadenas de distribución que como Carrefour-Día o Mercadona, gigantes de la concentración alimentaria, que todavía tienen a su mayoría de interproveedores en los propios estados. Estos tienen sistemas logísticos más eficientes que el anterior, y se adaptan lentamente a las demandas del consumidor nacional, en general consciente de un concepto amplio de calidad.
- En el subsistema tipo C incluiríamos a los grandes sistemas con intenciones de “sostenibilidad” por ejemplo los sistemas de producción integrada, que reducen el uso de fitosanitarios en la producción de alimentos, y por lo tanto los riesgos que de estos se derivan para los ecosistemas y los consumidores, otras medidas agroambientales de reducción de fertilizantes u otros de los que auspicia la PAC. En general es un modelo ambiental que sigue tendiendo a la concentración. Dos buenos ejemplos de este tipo podrían ser las grandes superficies cooperativas suizas Migro y Coop, que priman la producción nacional y criterios ambientales y sociales en la compra internacional vía los sellos de garantía de Global GAP y GRASP.
- El subsistema tipo B se incluye la producción ecológica certificada, un notable y creciente área de negocio, bastante globalizado, pero con clara tendencia a producciones dentro de áreas geográficas más delimitadas. Los consumidores eco saben que la distancia supone un problema ambiental. Estos sistemas ecológicos responden en su mayoría a productores medianos, y se calcula que la producción ecológica genera entorno a un 20% más de trabajo y consumen en general menos capital financiero o energía que los anteriores. Desde el punto de vista ambiental lo más significativo de este tipo es la total sustitución de los fertilizantes de síntesis, grandes generadores de gases de efecto invernadero, por materia orgánica lo que contribuye a la fijación de carbono en el suelo. En este subsistema la comercialización se realiza mayoritariamente a través de plataformas logísticas, paralelas a las producciones convencionales, pero claramente paralelas o económicamente miméticas.
- El último de los subsistemas, el subsistema tipo A, se refiere a lo que plantea la agroecología en un sentido más estricto, reconstruir sistemas alimentarios locales, de base ecológica, certificada o no, recuperando el pequeño agricultor, y los mercados de venta directa. En este sentido el Pacto de Milán se constituye en una alternativa enfocada al subsistema A, aquel de base local, que optimiza los mercados de proximidad, y de temporada, los mercados campesinos, la articulación de sistemas de compra pública apoyando a la agricultura local, los sistemas de gestión de residuos enfocados a producir abonos orgánicos. En general estos sistemas locales de máxima eficiencia, reducen mucho la dependencia energética, generan más empleo local, y actúan como sumideros sistémicos de gases de efecto invernadero (en el resto de subsistemas se va incrementando notablemente las emisiones).
Como en la dinámica de los ecosistemas, cada subsistema está en una lucha dinámica con los continuos. En los extremos se encuentran el pollo a dos euros el kilo que será importando desde Estados Unidos si se despliega el TTIP como esperan los negociadores (subsistema E), y el pollo criado agroeclógicamente en Amayuelas a 10 euros el kilo (subsistema A). Las hortalizas sin embargo en A puedes ser un 20% más baratas que en D o E; y hasta un 100% más baratas que en B. Los cereales en A tienden sin embargo a ser, cuando menos un 30-50% más caros que en los producidos bajo el subsistema en D.
El crecimiento de la población es continuo e imparable, especialmente de las conurbaciones metropolitanas. El 2012 se alcanzó la frontera del 50% de la población mundial viviendo en ciudades, y que se espera alcance el 75% en 2050. La humanidad alcanzara una población de unos 9000 millones de habitantes en el año 2050 y será necesario un esfuerzo de intensificación y eficiencia energética para garantizar que sea posible. Los actores del enfoque E hablan de eficiencia productiva intensiva en tecnológicas, los del enfoque A (que incluye el enfoque municipalista de Pacto de Milán) hablan de pequeñas producción agroecológicas y de producción y consumo de proximidad. Es interesante constatar que, con diferentes actores, la FAO está presente en todos estos escenarios.
La esperanza –tecno-optimismo- de los actores de los subsistemas o enfoques C y D es que la biotecnología o la bioeconomía centrada en la innovación, los proyectos de I+D+I y nuevos mecanismos de producción intensiva de alimento, intensivos en energía, que consideran que se pueden diseñar mecanismos sistémicos de uso de insumos de bajo coste energético y baja contribución al efecto invernadero y cambio climático.
Las incongruencias de la FAO
Frente a los enfoques centrados en lo tecnológico sin factores de corrección política y social, se construyen las alternativas biorregionales -transicionistas- que se centran en la preeminencia del territorio y de las redes locales o regionales, es en este paradigma en el que se focaliza el Pacto de Milán. La misma FAO que auspicia el pacto de Milán, es la que impulsa la agricultura inteligente y los sistemas de base tecnológica, en un alarde de disparar en todos los frentes ante la gravedad del reto de la alimentación mundial en las próximas décadas. La FAO incluye discursos desde todos los subsistemas desde la E trabajando por intensificar la producción y grandes mercados mundiales, a la A en el dialogo con los movimientos campesinos y en pro de la agroecología
Así pues, atendiendo a la eficiencia en materia de gestión de los recursos naturales y sostenibilidad, tenemos una situación global crítica, y dos grandes promesas o utopías de sostenibilidad y dos referentes. Por un lado lo que se conoce como enfoque agricultura inteligente -Climate Smart Agriculture- que sería asimilable al enfoque de los subsistemas D y C. Por otro lado la que representa la agroecología o subsistema A centrado la reconstrucción de subsistemas alimentarios locales, en la venta de proximidad y en la recirculación de la materia orgánica como fertilizante y fijador de carbono en suelo. En este sentido un informe de la FAO de 2010, el llamado informe Schutter, confirma que un horizonte de 9000 millones de habitantes en 2050 podría alimentarse con este enfoque o subsistema alimentario que sin duda es el que más está creciendo, aunque para las estadísticas oficiales no sea fácil de constatar.
El pacto de Milán, formulado en términos en cierta medida ambiguos, al igual que los propios términos del informe de la FAO, son aproximaciones a este paradigma de la agroecología o subsistema alimentario A: el más eficiente y en el que se maximizan las funciones económica, ecológica y social.
Monedas complementarias
Algunos creemos que para reducir las evidentes diferencias de precio, y reducir la dependencia del criterio de eficiencia es imprescindible inscribir los objetivos de la soberanía alimentaria en otros de mayor calado económico. Las monedas locales o biorregionales (atendiendo a los territorios naturales y los vínculos ciudad-campo), la soberanía monetaria y la financiera, contribuirá a separar y respaldar monetariamente el subsistema A que será capaz de respaldar la moneda en valores tangibles muy diferentes a los de los mercados financieros o los bancos centrales. Sin otros dineros y mecanismos de intercambio ese otro mundo no será posible.
La ciudad de Bristol, o muchas de las ciudades en transición han empezado a aplicar monedas complementarias para garantizar los objetivos de relocalizar la producción y consumo, y apoyar el comercio local. La aceptación para el pago de tasas e impuestos locales, como los de agua y basuras, será clave para que estas monedas puedan circular con volúmenes suficientes; esto implicará, como se está planteando en Santa Coloma de Gramanet, que los funcionarios acepten una parte del pago de los salarios en esta moneda local o biorregional. Entonces el engranaje de las transiciones alimentarias y energéticas estará realmente interconectado y engrasado. Mientras tanto vamos diseñando y ensayando proyectos parciales de un subsistema alimentario eficiente y local que cuando inevitablemente las condiciones financieras, del mercado de energía o de explotación del trabajo y las condiciones laborales avancen por el camino que muchos creemos que seguirá, servirán como la más sólida de las alternativas viables. Esta parte económica de la agenda -inevitable- es la que ni los términos del Pacto, ni los Ayuntamientos firmantes del mismo no han asumido aún. Bastante tienen con gestionar la legislatura y lidiar con su propia burocracia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












